La Experiencia de Comercio Justo de la Fundación Sinchi Sacha

La Fundación Sinchi Sacha nace como una organización no gubernamental en el año de 1990.

Sus fundadores en su mayoría provenientes de las ciencias sociales, estuvieron motivados por ese conjunto de corrientes del pensamiento social de la realidad latinoamericana, que animaron a que muchos de nosotros nos comprometiéramos en la búsqueda de soluciones socioeconómicas, institucionales y políticas para apoyar la construcción de una sociedad alternativa.

Una sociedad de productores y propietarios donde los actores sociales se empoderan y desde sus cimentos estimulan un nuevo  modelo societal, de carácter participativo, democrático y sobre todo más justo.

Un desafío que para una ONG del sur, adquiere características y formas particulares que me van a permitir comentarles, como parte de una muy rápida introducción a la memoria institucional de Sinchi Sacha,  en el vasto y apasionante mundo de las artesanías y la cultura.

En primer lugar, me gustaría indicarles que el ámbito geográfico que nos caracteriza con una identidad propia, esta constituida por nuestra vocación por la región amazónica. En gran parte, por que la Amazonía más allá de ser una de las principales reservas de vida natural existentes en el planeta, es sobre todo un espacio profundamente cultural y mitológico,  donde co-existen  un conjunto de seres y personajes que acompañan los ciclos de vida en la nutrida y mágica selva tropical.

En la Amazonía descubrimos ese otro distinto y diferente, esas otras formas de colocarnos frente a la vida, de entender que somos muchas partículas interactuando en varias dimensiones y que la realidad no es una sola, sino muchas y diversas, que la visión homogénea y unilineal del llamado progreso o civilización occidental es el resultado de una visión   histórica con el cual definitivamente no compartimos.

De manera, que actuar en el ámbito de la Amazonía nos dio la oportunidad de conocer un arco iris de culturas diferentes, de pueblos ancestrales, con lenguas,  conocimientos y prácticas culturales únicas.

Así descubrimos a la artesanía, como una manifestación tangible de estas culturas, que conviven dentro de otra "cosmovisión" construida al tenor de valores y perspectivas de vida diferentes y profundamente adaptadas a su habitat.

El objeto artesanal traducía y sintetizaba ante nuestros ojos, la belleza forjada con las manos, para expresar uno y muchos sentimientos  utilitarios  o espirituales, con significados culturales e históricos y con una rica expresión simbólica.

En los primeros años de nuestra vida institucional nos refugiamos literalmente en la selva tropical, la conocimos desde personajes sui géneris, como los shamanes o los llamados supai, espíritus  o guardianes de la selva, de cuya existencia los habitantes locales daban fe de existencia, y  de un conjunto de seres sobrenaturales, que se dejan ver, sentir y oir cuando se ingieren las substancias vegetales conocidas como  enteógenos. Las mujeres describen todo este proceso de creación y ritualidad con sus manos y en el barro. Las artesanías provenientes de este universo mágico plasma su pensamiento en objetos, que cuentan estas historias y muchas otras.

El primer resultado de nuestra aproximación , que es también nuestra partida de nacimiento, constituyó el libro Mundos Amazónicos, se trata de un texto de gran formato que sintetiza la historia cultural, material y simbólica de los pueblos y nacionalidades amazónicas,  considerado hoy,  como uno de los esfuerzos editoriales más importantes, publicado sobre las culturas amazónicas del Ecuador.

Más adelante, con un alto espíritu conservacionista, emprendimos un conjunto de proyectos destinados al aprovechamiento selectivo y sostenible de los recursos naturales, que son  parte de nuestra experiencia, como por ejemplo:

Esfuerzos importantes por identificar productos naturales que permitan dar valor agregado al bosque tropical  para generar ingresos que las comunidades y pueblos indígenas dispongan de  alternativas para frenar un proceso irracional de destrucción de la naturaleza o sustituirlas por nuevas actividades sanas y ecológicas

Entre las acciones más destacadas señalo las siguientes:

  • Aprovechamiento de la flora amazónica para la extracción de aceites naturales, mediante la instalación de una planta de destilación en plena selva tropical y con gerencia comunitaria.
  • Planta  comunitaria de  producción, diseño y procesamiento de arcilla para la fabricación de objetos en  cerámica.
  • Empresas comunitarias de ecoturismo que permitan a las comunidades aprovechar sus recursos naturales y culturales.
  • Construimos dos museos de sitio destinados a valorar la historia cultural y natural de la selva tropical.
  • Actividades en los campos de la agroforestería y  piscicultura complementaban nuestro esfuerzo por generar seguridad alimentaria en las comunidades fuertemente empobrecidas por la vorágine del desarrollo capitalista.

Muchas de estas iniciativas  fueron pensadas para el desarrollo de las capacidades de autogestión  comunitaria y de  una economía solidaria se enfrentaban a las normas implacables del mercado moderno, y por supuesto contrastaban con la lógica colectiva de la reciprocidad y solidaridad existente en las comunidades locales.

La verdad es que estos modelos llenos de los más nobles sentimientos e intenciones  no siempre logran cumplir con los objetivos propuestos; la fuerza del mercado, de la acumulación indiscriminada, de una libre competencia sin ética y moral no da espacio y  en la mayoría de los casos conspira contra el desarrollo comunitario y sus valores de solidaridad, autogestión o reciprocidad.

¿Cómo entonces, ser actores  efectivos del desarrollo social? ¿Cómo responder al desafío de incidir en el mercado y de favorecer el desarrollo de las economías comunitarias?

Nuestra respuesta concreta consiste en un conjunto de experiencias en torno al comercio justo y al desarrollo de empresas sociaesl, que gestiona este proceso, bajo algunos criterios que nos a exponer a continuación

En primer lugar, toda asociación profesional y más todavía una ONG que promueva el desarrollo social, no puede dejar de ser autónoma y libre, esta es  una condición básica para nosotros. La sostenibilidad institucional pasa necesariamente por desarrollar de manera efectiva una visión empresarial, con la suficiente estructura ética y solidaria, que permita hacer negocios justos dentro una economía solidaria.

En Sinchi Sacha trabajan actualmente 45 personas a tiempo completo, con estabilidad y obligaciones sociales y laborales cumplidas, con 150 talleres artesanales que abastecen un circuito de Museos--tiendas ubicados en  la ciudad de Quito y en la  Amazonia.

Siempre nos alentó la idea de pararnos sobre nuestros propios pies, pensamos que es indispensable crear una estructura funcional, que nos permita auto-sostenernos.  De manera que los recursos externos de la cooperación internacional disponen de una contraparte real y sobre todo multiplican nuestras acciones para que nuestros socios comunitarios progresivamente vayan adquiriendo su propia autonomía, la cual es también para ellos una condición para trabajar con nosotros.

Somos una institución pionera del comercio justo en Latinoamérica y que además propone desarrollar el comercio sur-sur, pensamos al comercio como un mecanismo de intercambio de productos y de diálogo intercultural que debe favorecer el crecimiento de los pequeños productores y propiciar que enfrenten con dignidad y calidad las exigencias del mercado.

No creemos en el subsidio que genera dependencia, creemos en la cooperación que promueve la libertad y la autonomía.

En este contexto general expuesto, permítanme comentar  algunos detalles de nuestro modelo de gestión, comercialización y fomento de las artesanías tradicionales del Ecuador: